Los ojos llenos de ti

L

“Mi hai lasciato da solo davanti a scuola
Mi vien da piangere
Arriva subito
Mi riconosci ho le scarpe piene di passi
La faccia piena di schiaffi
Il cuore pieno di battiti
E gli occhi pieni di te”
              Jovanotti

Siempre que me nombran “Los puentes de Madison” ya sea el libro o la película, a pesar de que reconozco la bella actuación de la gran Meryl y algunos diálogos intensos y elocuentes de Waller en la novela, me produce un enorme fastidio.
¿Es que hay alguien que verdaderamente crea que el amor podría dejarse pasar?

Estábamos en quinto cuando Bruno llegó a la escuela. Tenía un acento raro  y unos ojos infinitamente negros y enormes,cargados de espesas pestañas y de una vivacidad y dulzura indescriptible. Se vestía diferente a todos los otros niños de la escuela,usaba chalinas de colores con flecos  en lugar de bufanda de lana,  y pulsera y tobillera de cuero. Championes rojos y túnica sin moña. Bruno había llegado de Italia con su madre y decidido con ella quedarse en casa de la abuela hasta terminar primaria.

Nos hicimos muy amigos. Él pasaba a buscarme en la bici. A mí me encantaba ver sus rulos largos al viento cuando tomábamos la bajadita que daba a la plaza. Hablábamos de cualquier cosa, mucho de música y de los libros que yo sacaba de la biblioteca y llevaba a casa por una semana. Algunas veces aparecía subido al árbol de la puerta de mi casa y me tiraba “coquitos del Paraíso” cuando me veía traspasar  el escalón del zaguán. Yo los juntaba y se los tiraba a él sin éxito y ambos invadíamos el aire de carcajada y complicidad.

En las matinée de la escuela siempre bailábamos juntos. Todos decían que éramos novios. Creo que nosotros también sentíamos que era así.
El último año nos tocó estar otra vez  en  la misma clase. Nos sentábamos cerca,compartíamos las tareas en grupo y la merienda bajo el Ceibo en el recreo.Jugábamos a la mancha, a la escondida, a la pelota.

Un día se puso perfume y me acercó su cuello para que sintiera el aroma nuevo que había decidido tener. Me sorprendió, y me pareció rico, suave, fresco…parecido a él. Yo me compré una solera con flores y me la puse para andar en bici aunque no era muy cómoda. Él me dijo que era la piba más linda del mundo y yo me lo creí.
En la fiesta de fin de año fuimos pareja de  Pericón. Cuando terminó la jornada  nos dieron las notas finales y fuimos conscientes en ese instante de  que terminaba el año y él se volvería a Italia.

Me agarró la mano y entramos a un salón vacío. Nos miramos para siempre, guardando cada uno el amoroso gesto  que nos reflejaba el otro cada día. Se sacó la pulsera de cuero y la puso en mi muñeca. “Voy a volver a vivir acá”-  me dijo. Yo le sonreí con toda el alma y él se acercó  tanto a mi cara que pude escuchar el sonido de su pecho.

En ese momento entró la maestra Lourdes y nos pidió que saliéramos al patio.

Pocos días después hizo una despedida en su casa a la que no pude ir porque estaba de vacaciones con mis hermanas y mi madre en  lo de la tía Zulma,en  Salto. Cuando volví, ni bien acomodé mi ropa, me subí a la bici y fui hasta su casa. La  abuela abrió la puerta y me contó que Bruno había tomado el avión esa mañana.
Me quedé con el recuerdo de sus rulos, el perfume nuevo, con el retrato de sexto donde nos estamos mirando de costado, con la pulsera de cuero y las palabras que escribió en la foto escolar “para la piba más linda del mundo”.

Un día, ya en otro siglo, en otro milenio, recibí un mensaje.
—”¡¡¡Estoy acá!!!” — decía. —No puedo creer encontrarte!

Le pasé mi número de celular y me llamó. Hablamos una hora y nos encontramos a la tarde en la feria del libro que quedaba a unas cuadras de mi trabajo. Tenía una chalina azul con flecos,la piel, los ojos y los rulos morenos de siempre. La sonrisa y el abrazo más amplio del universo. Caminamos sin rumbo hablando de la vida, de su familia, de la mía, de los sueños cumplidos y los que no.
Nos separamos en la parada del bus, miré su cuello y recordé el perfume de antaño.Él me acarició el pelo y me dijo que me quedaba lindo sin trenzas.

Nos abrazamos otra vez y me subí al ómnibus semi vacío de aquella tardecita de noviembre. En casa me esperaba un festejo familiar. Un esposo ocupado que me contaba cómo habían pasado el día los mellizos, mi madre haciendo paella y mis hermanas llamando para resolver el postre.

Bruno me envió un mensaje que leí en el jardín. Me invadía un deseo infinito de salir corriendo y abrigarme en la calidez de su mirada eterna. Recorrí el fondo y  la casa conteniendo mis pasos y mis deseos. Resolví  mandarle  un beso y un adiós. Él me envió una canción en italiano de la que tradujo una frase: “Y los ojos llenos de ti” agregando “para siempre”. ¿Es que hay alguien que verdaderamente crea que el amor puede dejarse pasar?

Más de...

Alejandra Errecart

16 comentarios

Lo nuevo

Mantené el contacto

Sin vos, la maquina no tiene sentido. Formá parte de nuestra comunidad sumándote en los siguientes canales.