Samba Lentón (Zamba Lentín II)

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No ano 1950, o uruguaio Hilario Lentín chegou a cidade de Rio de Janeiro formando parte da delegação do equipe que fora campeão do mundo en día de horrível recordação pela população do Brasil inteiro 

Esse Lentín, na noite dos festejamentos, saiu com outros uruguaios a cantar, brincar e beber cerveja gelada a noite inteira. Foi lá, nas ruas e nos pés-sujos da cidade maravilhosa que ele conheceu a María da Providencia, uma loira bonitinha e fogosa, que chorava a derrota sofrida pelo scratch brasileiro na tarde mais ruim da história do futebol mundial.

Chanza va, cerveza viene, fue un mirarse y sentir en el corazón un calor inexplicable que crecía, como marea humana en la tribuna de Maracaná en el momento del golazo de Friaça. Un calor de nidada en medio del bosquecito nativo, un canto de calandrias y martín pescadores endulzando el calor del verano junto al arroyo. Un calor de guiso carrero, hecho a la vera del camino, para compartir con Lacerda, en algunas de las tantas recorridas a caballo por los campos del norte uruguayo.

La loira se llamaba  María da Providencia Barbosa, y no podía quitar la oreja del hechizo de la voz profunda de Lentín, ni de su prosear lento, como paso de bombo, que no acelera ni en cuesta bajo, y sostiene con su golpe projundo y potente los dibujos del repique sobre el enjambre de chicos que llenan todos los huecos. 

Se amaron como solo son capaces de hacerlo la desazón y la euforia cuando sus caminos se cruzan. En un enredo de sábanas, vasos llenos de una cerveza que terminó por entibiarse, y dos cuerpos desesperados por hacer sentir al otro una vitalidad urgente y urgida. Aquella jornada no hubo vencidos ni existió más vencedor que la vida entregada a pleno en la danza de dos cuerpos jóvenes y desnudos en una habitación estrecha, a la luz llegada desde la calle y filtrada por la pequeña ventana abierta a la noche de Río.

El pequeño llegó en abril, como el ritmo tibio de los chiquitos que danzan, y creció envuelto en el cariñoso recuerdo de aquella madre joven, soltera y corajuda que le hizo saber que era hijo del arrebato y la pasión. Que la noche más negra del fútbol brasilero era para ella la más luminosa de su vida.

Obdulio Barbosa Lentín, creció rodeado de un aura de leyenda cálida y negra, entre las palabras y cantos de su madre, y la burla del barrio que le miraba con la desconfianza con la que todo golero mira al puntero que entra al área con pelota dominada. A los veinte años era el más afamado bailarín de los carnavales cariocas. Buscado por las escolas más afamadas, jamás traicionó a la Portela del barrio que le vio crecer, lustrando rúas y veredas con la agilidad de sus pies alados, enamorando al público con la gracia de sus contorneos

Ahora, ya viejo, baila lento, casi caminando. Saluda al público que lo mira con una mezcla de conmiseración y respeto, y le aplaude, cantando un coro que tanto alegra sus oídos como ensombrece su alma. E aí, Samba Lentón. Vai, vai, e aí, Samba Lentín!!!

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Edh Rodríguez

Nació en Mercedes en 1972. Escuchador compulsivo de rock, pop, blues, jazz y otras yerbas. No le incomoda ver cien veces la misma película. Sigue sin saber bailar tango. Ocasionalmente colabora con Cooltivarte, reseñando libros, discos y recitales. Entre 2018 y 2020 publicó "Crónicas del descriterio" y "Mensajes encriptados" en Viciados de Nulidad.

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