La vacuna

L

Lo que sigue a continuación es un entremés. Sabemos que la audiencia es muy culta, pero para hacer alarde de su sabiduría obtenida gracias a leer artículos de Wikipedia, el autor nos pide que agreguemos la siguiente introducción:

El entremés se trata de una pieza teatral cómica de un solo acto, sin más pretensiones que las de divertir a la platea que concurría a mirar obras de mayor extensión y calibre. Sus inicios se remontan al siglo XV, aunque el apogeo lo alcanza entre el siglo XVI y el XVII, de la mano de autores como Miguel de Cervantes o Francisco de Quevedo. En general servían como forma de distender con parodias de la realidad. Por esto mismo y por tener un contenido burdo y a veces soez, es que para el siglo XVIII fueron prohibidos por la Iglesia.

Hechas todas las salvedades del caso, con ustedes, la pieza.


(La acción se desarrolla dentro de un cubículo de vacunación hospitalario. El lugar está pintado de blanco, y rodeado de muebles cerrados todos también pintados de blanco. Sobre el fondo se ve un freezer vertical con puerta de vidrio. A su derecha, una puerta que comunica con un pasillo. Al costado izquierdo está la entrada principal del consultorio. En el centro de la escena se encuentran una camilla, un escritorio con una silla vacía de cada lado, una computadora y formularios sueltos. En la pared de la derecha, hay un biombo de tela. Y al costado, una escalerita de tres escalones hecha en metal.

La escena comienza con dos personas dentro del vacunatorio, que dado su atuendo no podemos distinguir sus géneros. Están vestidos con cofia, lentes de acrílico, tapabocas, túnica hasta los pies, guantes y cubrezapatos desechables. Una de las dos personas escribe muy seriamente en la computadora. La otra, está acomodando el instrumental médico. La persona de la computadora termina de escribir, toma unos papeles y abre la puerta que está a la izquierda)

Enfermera (gritando hacia afuera): ¡Siguiente!

(Entra caminando lento un hombre de unos 50 años. Está con un abrigo el la mano. Viste pantalón de pana negro y buzo de hilo escote en V, color marrón. Debajo se le nota una camisa blanca). 

Hombre: Buenas tardes.

Enfermera: Buenas tardes. ¿Por qué viene?

Hombre: Vengo por el tema de la vacuna.

Enfermera: ¿La de Covid?

Hombre: Si esa. Me dijeron que acá la están dando y que me tenía que anotar.

Enfermera: Ay mire, sí. Es acá, pero justo hace un ratito acabo de dar la última. ¡Qué macana!

Hombre: ¿En serio? Uh… Yo qué ya me había hecho ilusión.

Enfermera: Ah pero la semana que viene me entra de nuevo. Ya pedimos más y ya nos avisaron que para el martes a más tardar, reponemos dosis.

Hombre: Ah bueno. ¿Se puede volver entonces?

Enfermera:  Si, claro.

Hombre: ¿Y qué otra vacuna tiene? Digo…

Enfermera: En este momento, las que me están quedando como para usted pueden ser de la varicela, polio o meningococo.

Hombre (dubitativo): ¿Usted qué me recomienda?

Enfermera: Mire, lo veo muy bien, pero la mejor es la del meningococo. Siempre queda bien con todo. Aunque la de la polio es un clásico. Y un clásico nunca pasa de moda, ¿vio?

Hombre: Si, eso es verdad. Déjeme pensar…

Enfermera: También me está quedando de antitetánica. ¿Ya la tiene?

Hombre:  Si, si, esa sí. Ni bien se está por vencer y la siento medio floja ya vengo a renovarla…

Enfermera: Claro, claro… Mi abuela siempre me decía (pone voz de anciana) “Mija, cuando salga a la calle tenga la bombachita limpita y la antitetánica encima. Mire si le pasa algo y tiene que ir al hospital”.

(Risas de los tres. Se da vuelta la persona de atrás que estaba manipulando material médico y pregunta)

Enfermero: Lo que importa: ¿la bombachita sigue estando limpita?

Enfermera: ¡Ay, Rogelio! ¡Sos un guarango! ¿Qué va a pensar el amigo? Disculpe… ¿Cómo se llama?

Hombre: Andrés.

Enfermera: Bueno Andrés, sigo porque si no el atrevido de Rogelio va a seguir molestando. Yo sé que usted está buscando la del covid, pero tengo la de la gripe estacional.

Hombre: mmmm… No sé. Esa ya medio que pasó de moda, ¿no?

Enfermera: No crea…

Hombre: Bueno, no sé. Hizo furor antes del covid, pero esta temporada ni se ha hablado de ella. Pensar que antes, la gente se desesperaba por dársela. ¿Se acuerdan las colas en los vacunatorios? Y ahora si ve alguno pidiendo la de la gripe estacional, sáquele una foto y llévelo a los diarios…

Enfermera: Es así… Pero vio como es. Lo que es moda…

Hombre, enfermera y enfermero (a la vez): ¡no incomoda!

(risas)

Hombre: Bueno, la verdad es que las vacunas un poco sí. Jeje. ¿Usted dice que la de la gripe me puede andar bien?

Enfermera: Mire… mal no le va a quedar. Piénselo así: quizás no sea un covid, pero una gripe uno siempre puede tener. Con esto previene de que lo terminen mirando mal. Además, la gripe con el tiempo cede y ahí ya le va a quedar impecable. Yo si usted quiere, le traigo una dosis y vemos como le queda. ¿Le parece?

Hombre: mmm bueno, sí.

(la enfermera toma la escalera de metal, va a uno de los muebles más altos y se sube. Busca algo. Mientras está revisando en el mueble, suena el teléfono de línea. Atiende el enfermero que deja de manipular elementos en el fondo. Solo dice “bueno” y corta. Cuando la mujer saca una jeringa y un frasquito, el enfermero le habla a ella).

Enfermero: Llamaron de abajo. Me piden que vaya al depósito a ver si quedan dosis de neumococo porque parece que vienen de otro local que les está faltando.

Enfermera: Esperá. Antes de irte… A ver qué te parece, cómo le pueda quedar al amigo una dosis de esta.

(El enfermero toma la jeringa y el frasco. Se pone al lado del hombre y apoya ambos implementos sobre el brazo derecho del paciente).   

Enfermero: Yo creo que le va a andar bien. Fijate que debe ser un 50 – 55.

Enfermera (dirigiéndose de nuevo al paciente): ¿Usted qué es?

Hombre: ¿Cómo qué soy?

Enfermera: Claro… usted anda en unos 50 años, no?

Hombre: Ah sí, 53.

Enfermera: No estábamos tan mal, eh? Es el ojo del vacunador…

(risas)

Enfermero: Para un 50 – 55, la de la gripe es la indicada.

(le entrega el frasco y la jeringa a la enfermera, saluda de lejos y se va por la puerta del fondo).

Hombre: Déjeme pensarlo. Yo igual ahora estoy comparando y viendo.

Enfermera: No hay problema. ¿Quiere mirar alguna otra cosita?

(silencio)

Hombre: No. Por ahora está bien así. Estoy más interesado en la de covid.

Enfermera: Bueno, si quiere me deja los datos y cuando la traigan la semana que viene le aviso. ¿Le parece?

Hombre: A bueno. Me parece bien.

Enfermera: Relléneme este formulario. (Le entrega un papel y una lapicera).

Hombre: Tome, muchísimas gracias. (Se apresta a salir, pero la enfermera lo detiene en la puerta)

Enfermera: Disculpe Andrés… ¿Se animaría a indicar su grado de satisfacción con nuestra atención? (La enfermera da vuelta la pantalla para el lado del público y se ve tres caritas: una verde feliz, una amarilla seria y una roja enojada. El hombre toca la verde. La enfermera pone voz muy meliflua). Andrés, muchas gracias por preferirnos. Vuelva pronto.

(El hombre sale y la enfermera da vuelta la pantalla. Vuelve a poner la misma actitud seria que al inicio. Escribe un poco en la computadora).

(Vuelve el enfermero): ¿Se fue el paciente?

Enfermera (con voz seca): Sí.

Enfermero: Al final… ¿Se llevó la de la gripe?

Enfermera: No. Me la hizo bajar al pedo. Ojo; ya me suponía, eh? Cuando lo vi dando vueltas al asunto, enseguida calculé que este no se iba a vacunar nada. Pero bueno… Todos quieren la de covid. ¡Parece que de la única cosa que hay que inmunizarse en esta vida es del covid! Yo que sé… Voy a llamar al que sigue a ver si tenemos suerte.

(La enfermera toma unos papeles y va a la puerta izquierda).

Enfermera (gritando hacia afuera): ¡Siguiente!

(Entra caminando lentamente una mujer mayor a los 70 años. Está con un abrigo el la mano. Tiene puesto un vestido con flores blancas sobre fondo marrón. Lleva un collar de perlas y zapatos negros).

Mujer: Hola, ¿qué tal? Vengo por la vacuna esa del covic.

Enfermera: Ay no. Justo el señor que se acaba de ir se llevó la última dosis.

Mujer (suspira): Ahhh… ¡Qué picardía! Yo que la ando buscando hace días por todos lados…

Enfermera: Si. La entiendo. A mi tía, el otro día le pasó lo mismo. Está muy brava de conseguir. Es que no nos está entrando mercadería porque parece que hay un tema en aduana. Pero si quiere le puedo ofrecer alguna otra cosita…

Mujer: ¿Y que puede andar teniendo así como para una?

Enfermera: Una señora como usted, con esa clase y elegancia, seguro debe viajar mucho por el mundo. (La mujer pone cara de duda) La que recién me llegó es la del Dengue. Y ahora nomás arranca la temporada de viajes.

Mujer: ¡No, m’hija! Lo másimo a donde puedo llegar es a Chamizo, que es donde vive mi hermana. ¿Y otra cosa no hay?

Enfermera: La que seguro le calza a usted es la del papiloma.

Mujer: ¿Le parece que estoy como para eso? Ya soy una mujer grande…

Enfermera: No crea, eh? Además yo la veo… ¿Cómo me dijo que se llama?

Mujer: María Rosa.

Enfermera (Se le arrima y hace pantalla con la mano como para que no la escuche el enfermero. Baja la voz): María Rosa… De mujer a mujer. La veo sexualmente activa.

Mujer (riendo y abanicándose con la mano): Usted dice eso para hacerme quedar bien.

Enfermera: No, no. Se le nota. Usted debe ser un 65 – 70, no?

Mujer: ¿lo qué?

Enfermera: si, ¿usted cuantos años tiene?

Mujer: ¡La edá no se pregunta!

(Ambas mujeres ríen)

Enfermera: Venga, acompáñeme (le señala con la mano abierta y la palma hacia arriba hacia donde está el biombo). Venga conmigo, por favor, que mientras voy a buscar la vacuna. Yo la traigo para acá, así usted la ve y me dice qué le parece.

(La mujer se ubica detrás del biombo de tela).

Mujer (elevando la voz): ¿Usted dice que es segura?

Enfermera (elevando la voz): Siii ¡No va a tener problema de ningún tipo! ¡Le va pintada con personas como usted!

(La enfermera se lleva la escalera de metal para el mueble. Mientras va a buscar la vacuna se baja el telón).

Fin

Más de...

Maximiliano Debenedetti

La partida de nacimiento dice que arribó a nuestro planeta por Montevideo en 1979, con todo lo que esto conlleva. Su contacto con la literatura fue ecléctico: en bibliotecas municipales, escuchando como sus padres se leían entre sí, con libros de diversas procedencias y géneros o mezclado en las librerías de canje en la calle Tristán Narvaja. Supo ya en su infancia que estaría vinculado a la escritura, desde el día que tuvo que aprender a garabatear por primera vez su extenso nombre.

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